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jueves, 4 de junio de 2026

 

Interdisciplina y Transdisciplina

Dr. Carlos A. J. Molinari

El presente artículo solo se propone ordenar algunas cuestiones, así como plantear conceptos e ideas que aporten en clarificar en lo que hace a las palabras expuestas en el título, sin pretensiones de producir nuevos modelos teóricos sobre el tema, que excedería al objetivo propuesto.

Para desarrollar la cuestión que nos ocupa, vamos a trabajar sobre algunos autores que pensamos como relevantes para desarrollar nuestras ideas, así como de la experiencia personal del autor como docente e investigador.

Comenzaremos con una anécdota, como forma de introducción a la cuestión que vamos a tratar. Ésta la cuenta Illya Prigogine, quien refiere en una conferencia[1] una conversación entre los grandes matemáticos Niels Bohr y Werner Heisenberg, en una visita al castillo de Kronborg, en Dinamarca.

Según refiere Heisenberg, Bohr le manifiesta como cambia el castillo al pensar que Hamlet vivió en él. Como científicos, dice Bohr, admiramos al arquitecto que lo proyectó, sus piedras, su tejado. Pero cambia totalmente cuando se piensa en Hamlet, un personaje que ni siquiera sabemos si existió, pues solo figura en una crónica legendaria; aunque no se ignoran los interrogantes que le atribuye Shakespeare.

Esta anécdota, le sirve a Prigogine para introducir la pregunta acerca del significado de la realidad.

Cuando se piensa en iniciar una investigación, el disparador es una o varias preguntas, que conducen a definir nuestro objeto de estudio, que no es más que un recorte de la realidad[2]. Por razones lógicas, este objeto de estudio, es planteado desde nuestra especialización, es decir desde nuestra disciplina.

Al solo efecto de trabajar con un lenguaje en común, vamos a plantear entonces en primera instancia, cuál es el concepto de disciplina que utilizamos a partir de algunas ideas desarrolladas por Edgar Morin[3].

En este sentido, decimos que una disciplina opera dentro de un dominio de competencia, sin la cual el conocimiento se transforma en vago, pero a su vez extrae o construye un objeto para el conocimiento científico. Entonces las relaciones de ese objeto con otros, se dejan de lado pues son tratados por otras disciplinas. O sea que delimita sus fronteras, su propia lengua y técnica y desarrolla teorías que le son propias. Situación que conduce al riesgo de caer en la hiperespecialización.

Ahora, si relacionamos la anécdota que contaba Prigogine con el problema de establecer ese recorte que es un objeto de estudio, nos encontramos que es mucho más complejo de lo que pensábamos.

Y aquí vamos a volcar parte de la experiencia personal de quien escribe, pero aclarando que estamos pensando desde las ciencias sociales y humanas.

Iniciar un proceso de investigación, con la consecuente selección del objeto de estudio, aún con su encuadre en una disciplina, implica desde el inicio una cuestión a considerar. Lo que estamos analizando, forma parte de un contexto, con sus múltiples interacciones con ese entorno. Aunque no se lo piense  desde el comienzo, a medida que avanzamos nos internamos en variables económicas, tecnológicas, sociales, culturales.

Así, los conceptos pueden no significar lo mismo en cada momento histórico, igual que las palabras tampoco pueden contener un  mismo significado con el paso del tiempo. En estos casos, la historia de las ideas, la etimología, la historia de los conceptos, comienzan a incrementar su significado en el trabajo del investigador.

De esta manera, se van estableciendo relaciones que facilitan la comprensión del objeto de la investigación como un todo y no como solo una parte de la realidad.

Debemos establecer llegados a este punto, que no estamos subestimando la especialización disciplinar. Como sostenía Ernesto Giúdici, “No es que objetemos la especialización: el progreso científico y cultural es sinónimo de la especialización, pero la especialización debe tener lugar en lo general y la totalidad y en un objetivo"[4].

Lo que intentamos poner en cuestión, es la hiperespecialización, que promueve de alguna manera la parcelización del conocimiento; aunque aclarando que el conocimiento nunca será total, pues “…todo conocimiento es históricamente limitado y su proceso es una ampliación creciente y cíclica de esos límites”[5].

También Rolando García aborda esta cuestión, cuando marca “…la imposibilidad de considerar aspectos particulares de un fenómeno, proceso o situación a partir de una disciplina específica”[6]. El autor lo hace desde la visión de los recortes de la realidad como sistemas complejos, donde los elementos no son “separables” y no pueden ser estudiados en forma aislada.

 

Lo que también cuestionamos en este trabajo es el pensamiento lineal, determinista, pues parafraseando a Prigogine en la conferencia citada, el determinismo describe al mundo desde afuera, mientras que lo que se trata es de describir al mundo desde adentro.

Llegados a este punto, tenemos entonces que ingresar a las ideas de inter y transdisciplina, que aparecen como herramientas fundamentales para entender la realidad de nuestro objeto de estudio.

Y lo primero que debemos decir, es que fue relativamente fácil definir que es una disciplina, pero hablar de inter y transdisciplina es un tanto problemático, porque ambos son términos polisémicos; es posible que encontremos distintas ideas, distintos conceptos, acerca de que tratan éstos términos, aunque se encuentren relacionados entre sí.

En principio, digamos que la interdisciplina implica que, a partir de un objeto de estudio, distintas disciplinas se reúnen en una misma mesa –metafóricamente hablando-, y cada una aporta a comprender distintas dimensiones de ese objeto.

La arqueología nos proporciona un buen ejemplo de esta clase de interacción. Como ejemplo, al descubrimiento de una tumba en el Antiguo Egipto, convergen arqueólogos, especialistas en botánica, en medicina, técnicos para estudiar la antigüedad de los objetos, historiadores del arte y así en una gran lista dependiendo de las necesidades del equipo.

O sea que mientras que la disciplina consiste en una serie de técnicas, la inter se propone la interacción entre varias para resolver un determinado problema.

En cambio la transdisciplina, trata de utilizar esquemas de conocimiento que puedan atravesar las disciplinas. Aquí ya estamos hablando no solo de la interacción, sino de la convergencia de técnicas, lenguaje, ideas y teorías.

Por supuesto que esto es peligroso, pues los distintos conceptos de diferentes disciplinas no son trasladables mecánicamente entre sí; ello podría conducir a un desastre, tanto  metodológico como de resultados.

Como sostiene Morin[7], se trata de la conjunción de nuevas hipótesis y de nuevos esquemas cognitivos para articular entre disciplinas separadas y que posibilitan concebir la unidad de lo que antes estaba separado. Digamos que la idea es articular los dominios disciplinarios en un sistema teórico común.

La idea central, como hemos dicho, no es que el enfoque disciplinar sea incorrecto, sino que éste debe poseer una visión que conciba la existencia de relaciones con otras disciplinas, así como sus múltiples interacciones.

El problema que se nos presenta, es como encontrar ese camino de articulación entre ciencias o disciplinas, donde cada una tiene conceptos que no pueden pasar mecánicamente de una a otra.

Blas Pascal decía que era imposible conocer las partes sin conocer el todo, así como conocer el todo sin conocer las partes; aunque como decíamos previamente, sabemos que el conocimiento nunca será total.

Y para comprender la importancia de la inter y esencialmente de la transdisciplina, podemos utilizar el encuadre del ya citado Morin, a partir de la teoría de la complejidad.

En ese sentido, sostiene básicamente que la complejidad es un tejido de constituyentes heterogéneos, que presentan la paradoja de lo uno y lo múltiple[8], esto que hemos señalado del todo y las partes. Debemos aclarar aquí que la conceptualización de Morin es mucho más amplia, pero la hemos simplificado por razones de exposición.

Y como también expresa, el pensamiento complejo aspira a un saber no parcializado, no dividido, pero reconociendo lo inacabado de todo conocimiento; idea ésta última que ya habíamos expuesto en este artículo.

Agrega posteriormente Morin, que la complejidad del mundo real, es más factible poder ser abordada desde las relaciones que desde teorías cerradas.

Además que en el conocimiento científico, no importa en qué parcela del saber, no puede aislarse en su propio dominio, pues necesita la totalidad del saber para poder definir su dominio. Por lo tanto, la relación con el conjunto de saberes se encuentra siempre presente.

A lo que podemos agregar nosotros, que los esquemas conceptuales están sujetos a las transformaciones históricas y por lo tanto van mutando. Entonces trabajar por ejemplo desde la inter o transdisciplina, nos permite ir registrando esos cambios e ir ajustando nuestras herramientas para el abordaje de los objetos de estudio. Hay que considerar también aquí, los cambios que se producen en el propio investigador, que a partir de su experiencia, va ampliando su campo de análisis y su base teórica.

Lo que estamos proponiendo, en relación con el tema que nos convoca, es un diálogo de saberes, aún con el riesgo que ello implica, tal cual lo planteaba Feyerabend –aunque este autor lo hacía desde su particular perspectiva de saberes- cuando desarrolló su filosofía natural[9], en el sentido de estar abiertos a aquellos saberes que aporten a una mejor comprensión de nuestro objeto de estudio, que forma parte de una realidad compleja y no susceptible de ser parcializada si queremos comprenderla en su totalidad; aún desde nuestra parcialidad.

No estamos planteando que el investigador se deba transformar en un experto en todas las disciplinas relacionadas, lo cual a nuestro criterio carecería de sentido por su imposibilidad.

Por una parte, podemos pensar en lo expuesto por Morin, sobre que se trata de nuevos esquemas cognitivos y por la otra, tomamos la obra expuesta de Rolando García, quien a partir de los aportes de la Teoría General de los Sistemas, de Prigogine y de Jean Piaget, propone toda una metodología de trabajo para la interdisciplina. La extensión de su propuesta y su exposición en el libro mencionado, hacen innecesario su traslado a este artículo.

No obstante debemos decir, que cuando piensa en investigaciones de estas características, lo hace desde la conformación de equipos, que comparten no una teoría común, sino una base epistémica crítica.

En línea con lo que hemos expuesto, sostenemos con Giudici que “…no existe la ciencia abstracta, sino un saber del hombre social concreto”[10]. Por lo tanto, ese hombre se encuentra inmerso en una sociedad compleja y cambiante con el tiempo histórico, lo que requiere de un pensamiento que pueda dar cuenta de las interacciones y convergencias que nos posibiliten comprender esa realidad.



[1] Prigogine Ilya. Tan solo una ilusión. Conferencias Tanner, Jawaharial Nehru University, Nueva Delhi, 18 de diciembre de 1982.

[2] No vamos a debatir aquí acerca del propio concepto de realidad, lo que quedaría por fuera de nuestro objetivo.

[3] Morin Edgar. Sobre la interdisciplinariedad. https://pensamientocompoejo.org

[4] Giudici Ernesto. Educación, Revolución científico-técnica y reorganización universitaria. La Segunda Reforma. Ediciones del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos Aires, 2010. p. 26.

[5] Giudici. Ob. cit. p. 35.

[6] García Rolando. Sistemas complejos. Editorial Gedisa, Barcelona, España, 2007. p. 21.

[7][7] Morin Edgar. Sobre la…

[8] Morin Edgar. Introducción al pensamiento complejo. Editorial Gedisa, Barcelona, España, 2005. p. 32.

[9] Feyerabend Paul. Filosofía natural. Debate, Buenos Aires, 2013.

[10] Giudici Ernesto. Ob. cit. p. 38.