TURISMO DE MASAS:
CONSTRUIR PARA DESTRUIR
El presente, no se propone como un acabado estudio sobre la problemática expresada en el título, sino que se trata simplemente de observaciones, que puedan actuar como disparadores para pensar sobre el futuro de la cuestión.
Solo como ejemplo, quien visite en plan turístico las más importantes ciudades de Europa, se encontrará con los barrios y zonas históricas, que son como un viaje en el tiempo, en cuanto a que su diseño y arquitectura, sus monumentos, nos transportan estéticamente a diferentes momentos de la historia. El turismo se transforma de esta manera en un ampliar nuestro horizonte cultural y nuestros conocimientos sobre los seres humanos que nos precedieron.
Pero
una mirada detallada y fría sobre lo que estamos observando, nos va revelando
una realidad que está alejada de lo que creemos ver.
Un
barrio, no importa la ciudad o el país, no es solo arquitectura, sino
fundamentalmente las personas que viven en él. Las formas de habitarlo, sus
relaciones, sus comercios, la gastronomía, los espacios de esparcimiento y
diversión. Sin todo ese conjunto, estaríamos solo frente a un decorado; y eso
es justamente lo que está sucediendo.
Cuando
los edificios históricos se transforman en departamentos de alto precio o de
alquiler temporario, cuando los locales comerciales se van transformando para
albergar a grandes marcas internacionales o de venta de productos que son
fabricados en serie, todos iguales, para cualquier espacio, desaparece ese concepto
de barrio que describíamos –o si se quiere de ciudad en un concepto ampliado-,
pues lo que le dio origen y en lo que se funda su valor desaparece.
La
autenticidad ya no existe, pues las personas que habitaban, con sus costumbres
y tradiciones, también van desapareciendo. Barrios de artesanos o personas
trabajadoras en general, dan origen a barrios, con los mismos edificios, pero
con turistas, hoteles y habitantes de las clases más adineradas, que pueden
pagar el lujo de vivir allí. Como hemos planteado, ¿qué estamos viendo? Solo un
decorado de lo que fue, donde necesitamos al guía turístico o un folleto
explicativo, que nos cuenta la historia, las costumbres y las tradiciones;
porque solo podemos observar las construcciones, pero no la vida que le dio
origen.
Entonces
se da la incongruencia, de que cuando queremos, en una de esas ciudades,
conocer la cultura original de esa población, los locales recomiendan salir de
las zonas turísticas; como por ejemplo si se quiere escuchar música tradicional
o acceder a la gastronomía local original a precios accesibles, siempre hay que
alejarse de las zonas por las cuales se supone que el turista está visitando la
ciudad o el país.
Entonces
la pregunta es porque sucede este fenómeno, que no solo afecta al turista sino
fundamentalmente a la población local, que se ve desplazada de sus lugares de
vida históricos.
Podemos
decir, en términos de gestión de negocios, que se trata de una combinación de
finanzas y marketing.
Los
espacios físicos invadidos por turistas, como las clásicas ciudades europeas
–aunque esto se traslada a cualquier otro espacio con similares
características-, poseen un atractivo singular a la hora de generar múltiples
ingresos, lo cual produce de forma transitiva que los precios de las locaciones
comiencen a subir hasta alcanzar cifras astronómicas. Situación que trae
aparejado, que las grandes cadenas de hoteles y marcas internacionales de
indumentaria, gastronomía u otros productos, se planteen como objetivo ocupar
un lugar allí.
Esto
conduce a que los grandes inversores, comiencen a adquirir las propiedades
–cuanto más valor histórico mejor-, para transformarlas en espacios
residenciales para los turistas o para locales que puedan pagar la renta; un
proceso similar al que se produce con los locales comerciales.
El
negocio turístico genera un negocio
mucho más importante para el sector financiero, en términos de retorno
sobre el capital.
A
su vez, utilizando la herramienta del marketing, se va construyendo una imagen
de cada espacio, que si bien apela a la historia, construye una escenografía de
la misma. De esta manera, podemos acceder a las mismas marcas en todas las
ciudades, lo cual poco o nada tiene que ver con esa historia que dio origen al
turismo.
No
estamos objetando la utilización del marketing, y su herramienta de
comunicación en especial, para crear un mercado de turismo. Lo que se objeta es
un marketing que crea una fantasía de un lugar que no existe como tal, sino
solo en el imaginario.
No
quedan ajenos a este proceso los propios gobiernos locales, que se ven tentados
por la posibilidad de generar mayores ingresos y, a la vez, impulsar la
creación de empleo local; pero sin considerar los impactos económicos y
ambientales sobre esa población que intentan proteger.
Hemos
citado los países europeos, quizás como paradigma de la importancia del turismo
en la generación de ingresos relevantes. Pero en los países de América Latina,
Asia o África, donde las riquezas naturales son una fuente importante de
turismo, sin despreciar los espacios históricos, la situación también se torna
compleja. Playas, parques naturales, fauna y flora, se ven sometidas al estrés
de la cantidad de turistas, que ponen en riesgo, cuando no literalmente
destruyen, ese patrimonio, que teóricamente es una fuente de ingresos. A lo que
debemos incluir el desplazamiento de pueblos originarios, quienes constituyen
justamente el basamento de cada uno de esos espacios, además de ser sus
legítimos herederos.
Por
supuesto, la gran pregunta es cómo compatibilizar el turismo, legítima fuente
de ingresos para las poblaciones locales, además de herramienta de intercambio
cultural entre los pueblos, con un capitalismo financiero, que privilegia la
rentabilidad del capital por encima de cualquier otra consideración; aun
destruyendo hacia el futuro esa fuente de renta que será reemplazada por otra,
sin consideración hacia lo que queda en el camino.
Pensamos
que tanto los turistas como las poblaciones locales, tienen mucho que decir, en
cuanto a cómo pensar un futuro para el sector. Si bien los gobiernos también
son actores en este proceso, son sus propios votantes quienes pueden obligarlos
a caminar en uno u otro sentido, así como los turistas que eligen donde ir.
Las
medidas que se podrían tomar no se pueden resumir de ninguna manera, ya que
dependen de un sinnúmero de factores que se entrelazan, generando impactos
recíprocos. No es lo mismo un parque natural en América Latina que una ciudad
como París o Madrid; distintas problemáticas con distintas medidas de
corrección. De hecho, un listado de las mismas, requeriría de una profunda
investigación que excede los límites de un artículo de denuncia.
Pero
lo que no admite dudas, es la necesidad de encarar medidas urgentes, para
proteger de una destrucción, tanto física como cultural, que puede no tener
retorno. Y son los propios actores centrales de este proceso, turistas y
poblaciones locales, en especial éstas últimas, quienes tienen la última
palabra.