Interdisciplina y Transdisciplina
Dr.
Carlos A. J. Molinari
El presente artículo solo se propone ordenar algunas cuestiones, así como plantear conceptos e ideas que aporten en clarificar en lo que hace a las palabras expuestas en el título, sin pretensiones de producir nuevos modelos teóricos sobre el tema, que excedería al objetivo propuesto.
Para
desarrollar la cuestión que nos ocupa, vamos a trabajar sobre algunos autores
que pensamos como relevantes para desarrollar nuestras ideas, así como de la
experiencia personal del autor como docente e investigador.
Comenzaremos
con una anécdota, como forma de introducción a la cuestión que vamos a tratar. Ésta
la cuenta Illya Prigogine, quien refiere en una conferencia[1] una
conversación entre los grandes matemáticos Niels Bohr y Werner Heisenberg, en
una visita al castillo de Kronborg, en Dinamarca.
Según
refiere Heisenberg, Bohr le manifiesta como cambia el castillo al pensar que
Hamlet vivió en él. Como científicos, dice Bohr, admiramos al arquitecto que lo
proyectó, sus piedras, su tejado. Pero cambia totalmente cuando se piensa en
Hamlet, un personaje que ni siquiera sabemos si existió, pues solo figura en
una crónica legendaria; aunque no se ignoran los interrogantes que le atribuye
Shakespeare.
Esta
anécdota, le sirve a Prigogine para introducir la pregunta acerca del
significado de la realidad.
Cuando
se piensa en iniciar una investigación, el disparador es una o varias
preguntas, que conducen a definir nuestro objeto de estudio, que no es más que
un recorte de la realidad[2]. Por
razones lógicas, este objeto de estudio, es planteado desde nuestra
especialización, es decir desde nuestra disciplina.
Al
solo efecto de trabajar con un lenguaje en común, vamos a plantear entonces en
primera instancia, cuál es el concepto de disciplina que utilizamos a partir de
algunas ideas desarrolladas por Edgar Morin[3].
En
este sentido, decimos que una disciplina opera dentro de un dominio de
competencia, sin la cual el conocimiento se transforma en vago, pero a su vez
extrae o construye un objeto para el conocimiento científico. Entonces las
relaciones de ese objeto con otros, se dejan de lado pues son tratados por
otras disciplinas. O sea que delimita sus fronteras, su propia lengua y técnica
y desarrolla teorías que le son propias. Situación que conduce al riesgo de
caer en la hiperespecialización.
Ahora,
si relacionamos la anécdota que contaba Prigogine con el problema de establecer
ese recorte que es un objeto de estudio, nos encontramos que es mucho más
complejo de lo que pensábamos.
Y
aquí vamos a volcar parte de la experiencia personal de quien escribe, pero
aclarando que estamos pensando desde las ciencias sociales y humanas.
Iniciar
un proceso de investigación, con la consecuente selección del objeto de
estudio, aún con su encuadre en una disciplina, implica desde el inicio una
cuestión a considerar. Lo que estamos analizando, forma parte de un contexto,
con sus múltiples interacciones con ese entorno. Aunque no se lo piense desde el comienzo, a medida que avanzamos nos
internamos en variables económicas, tecnológicas, sociales, culturales.
Así,
los conceptos pueden no significar lo mismo en cada momento histórico, igual
que las palabras tampoco pueden contener un
mismo significado con el paso del tiempo. En estos casos, la historia de
las ideas, la etimología, la historia de los conceptos, comienzan a incrementar
su significado en el trabajo del investigador.
De
esta manera, se van estableciendo relaciones que facilitan la comprensión del
objeto de la investigación como un todo y no como solo una parte de la
realidad.
Debemos
establecer llegados a este punto, que no estamos subestimando la
especialización disciplinar. Como sostenía Ernesto Giúdici, “No es que objetemos la especialización: el
progreso científico y cultural es sinónimo de la especialización, pero la
especialización debe tener lugar en lo general y la totalidad y en un
objetivo"[4].
Lo
que intentamos poner en cuestión, es la hiperespecialización, que promueve de
alguna manera la parcelización del conocimiento; aunque aclarando que el
conocimiento nunca será total, pues “…todo
conocimiento es históricamente limitado y su proceso es una ampliación
creciente y cíclica de esos límites”[5].
También
Rolando García aborda esta cuestión, cuando marca “…la imposibilidad de considerar aspectos particulares de un fenómeno,
proceso o situación a partir de una disciplina específica”[6].
El autor lo hace desde la visión de los recortes de la realidad como sistemas
complejos, donde los elementos no son “separables” y no pueden ser estudiados
en forma aislada.
Lo
que también cuestionamos en este trabajo es el pensamiento lineal,
determinista, pues parafraseando a Prigogine en la conferencia citada, el
determinismo describe al mundo desde afuera, mientras que lo que se trata es de
describir al mundo desde adentro.
Llegados
a este punto, tenemos entonces que ingresar a las ideas de inter y
transdisciplina, que aparecen como herramientas fundamentales para entender la
realidad de nuestro objeto de estudio.
Y
lo primero que debemos decir, es que fue relativamente fácil definir que es una
disciplina, pero hablar de inter y transdisciplina es un tanto problemático,
porque ambos son términos polisémicos; es posible que encontremos distintas
ideas, distintos conceptos, acerca de que tratan éstos términos, aunque se
encuentren relacionados entre sí.
En
principio, digamos que la interdisciplina implica que, a partir de un objeto de
estudio, distintas disciplinas se reúnen en una misma mesa –metafóricamente
hablando-, y cada una aporta a comprender distintas dimensiones de ese objeto.
La
arqueología nos proporciona un buen ejemplo de esta clase de interacción. Como
ejemplo, al descubrimiento de una tumba en el Antiguo Egipto, convergen
arqueólogos, especialistas en botánica, en medicina, técnicos para estudiar la
antigüedad de los objetos, historiadores del arte y así en una gran lista
dependiendo de las necesidades del equipo.
O
sea que mientras que la disciplina consiste en una serie de técnicas, la inter
se propone la interacción entre varias para resolver un determinado problema.
En
cambio la transdisciplina, trata de utilizar esquemas de conocimiento que
puedan atravesar las disciplinas. Aquí ya estamos hablando no solo de la
interacción, sino de la convergencia de técnicas, lenguaje, ideas y teorías.
Por
supuesto que esto es peligroso, pues los distintos conceptos de diferentes
disciplinas no son trasladables mecánicamente entre sí; ello podría conducir a
un desastre, tanto metodológico como de
resultados.
Como
sostiene Morin[7],
se trata de la conjunción de nuevas hipótesis y de nuevos esquemas cognitivos
para articular entre disciplinas separadas y que posibilitan concebir la unidad
de lo que antes estaba separado. Digamos que la idea es articular los dominios
disciplinarios en un sistema teórico común.
La
idea central, como hemos dicho, no es que el enfoque disciplinar sea
incorrecto, sino que éste debe poseer una visión que conciba la existencia de relaciones
con otras disciplinas, así como sus múltiples interacciones.
El
problema que se nos presenta, es como encontrar ese camino de articulación
entre ciencias o disciplinas, donde cada una tiene conceptos que no pueden
pasar mecánicamente de una a otra.
Blas
Pascal decía que era imposible conocer las partes sin conocer el todo, así como
conocer el todo sin conocer las partes; aunque como decíamos previamente, sabemos
que el conocimiento nunca será total.
Y
para comprender la importancia de la inter y esencialmente de la
transdisciplina, podemos utilizar el encuadre del ya citado Morin, a partir de
la teoría de la complejidad.
En
ese sentido, sostiene básicamente que la complejidad es un tejido de
constituyentes heterogéneos, que presentan la paradoja de lo uno y lo múltiple[8], esto
que hemos señalado del todo y las partes. Debemos aclarar aquí que la
conceptualización de Morin es mucho más amplia, pero la hemos simplificado por
razones de exposición.
Y
como también expresa, el pensamiento complejo aspira a un saber no
parcializado, no dividido, pero reconociendo lo inacabado de todo conocimiento;
idea ésta última que ya habíamos expuesto en este artículo.
Agrega
posteriormente Morin, que la complejidad del mundo real, es más factible poder
ser abordada desde las relaciones que desde teorías cerradas.
Además
que en el conocimiento científico, no importa en qué parcela del saber, no
puede aislarse en su propio dominio, pues necesita la totalidad del saber para
poder definir su dominio. Por lo tanto, la relación con el conjunto de saberes
se encuentra siempre presente.
A
lo que podemos agregar nosotros, que los esquemas conceptuales están sujetos a
las transformaciones históricas y por lo tanto van mutando. Entonces trabajar
por ejemplo desde la inter o transdisciplina, nos permite ir registrando esos
cambios e ir ajustando nuestras herramientas para el abordaje de los objetos de
estudio. Hay que considerar también aquí, los cambios que se producen en el
propio investigador, que a partir de su experiencia, va ampliando su campo de
análisis y su base teórica.
Lo
que estamos proponiendo, en relación con el tema que nos convoca, es un diálogo
de saberes, aún con el riesgo que ello implica, tal cual lo planteaba
Feyerabend –aunque este autor lo hacía desde su particular perspectiva de
saberes- cuando desarrolló su filosofía natural[9], en el
sentido de estar abiertos a aquellos saberes que aporten a una mejor
comprensión de nuestro objeto de estudio, que forma parte de una realidad
compleja y no susceptible de ser parcializada si queremos comprenderla en su
totalidad; aún desde nuestra parcialidad.
No
estamos planteando que el investigador se deba transformar en un experto en
todas las disciplinas relacionadas, lo cual a nuestro criterio carecería de
sentido por su imposibilidad.
Por
una parte, podemos pensar en lo expuesto por Morin, sobre que se trata de
nuevos esquemas cognitivos y por la otra, tomamos la obra expuesta de Rolando
García, quien a partir de los aportes de la Teoría General de los Sistemas, de
Prigogine y de Jean Piaget, propone toda una metodología de trabajo para la
interdisciplina. La extensión de su propuesta y su exposición en el libro
mencionado, hacen innecesario su traslado a este artículo.
No
obstante debemos decir, que cuando piensa en investigaciones de estas
características, lo hace desde la conformación de equipos, que comparten no una
teoría común, sino una base epistémica crítica.
En
línea con lo que hemos expuesto, sostenemos con Giudici que “…no existe la ciencia abstracta, sino un
saber del hombre social concreto”[10].
Por lo tanto, ese hombre se encuentra inmerso en una sociedad compleja y
cambiante con el tiempo histórico, lo que requiere de un pensamiento que pueda
dar cuenta de las interacciones y convergencias que nos posibiliten comprender
esa realidad.
[1] Prigogine Ilya. Tan solo una ilusión. Conferencias
Tanner, Jawaharial Nehru University, Nueva Delhi, 18 de diciembre de 1982.
[2] No vamos a debatir aquí acerca
del propio concepto de realidad, lo que quedaría por fuera de nuestro objetivo.
[3]
Morin Edgar. Sobre la
interdisciplinariedad. https://pensamientocompoejo.org
[4] Giudici Ernesto. Educación, Revolución científico-técnica y
reorganización universitaria. La Segunda Reforma. Ediciones del Centro
Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, Buenos Aires, 2010. p. 26.
[5] Giudici. Ob. cit. p. 35.
[6] García Rolando. Sistemas complejos. Editorial Gedisa,
Barcelona, España, 2007. p. 21.
[7][7] Morin Edgar. Sobre la…
[8] Morin Edgar. Introducción al pensamiento complejo.
Editorial Gedisa, Barcelona, España, 2005. p. 32.
[9] Feyerabend Paul. Filosofía natural. Debate, Buenos Aires,
2013.
[10] Giudici Ernesto. Ob. cit. p. 38.