“Sin pan y sin
trabajo. Sin nada”
Sobre una pintura
de Julio Missart
Dr. Carlos A. J. Molinari
Podemos decir que el arte, en todos los momentos de la historia, ha sido y es representativo de relaciones económicas, políticas, sociales y culturales. No como un espejo de eso que llamamos lo real –aunque a veces lo sea-, sino tamizado por la subjetividad del artista, por sus emociones, deseos, frustraciones, conflictos. Pero siempre podemos rastrear en las obras de arte el estado de una sociedad, expresado en el imaginario de los individuos, en sus tradiciones, en su presente, en su concepción de un futuro que acecha.
En
Argentina, en el año 1894, Ernesto de la Cárcova presentó en sociedad su
pintura “Sin pan y sin trabajo”, a criterio de quien esto escribe, una de las
obras de más impacto político y estético en la historia del arte de nuestro
país[1].
En
octubre de 2026 se realizó la muestra “El Homenaje”, en la Facultad de Derecho
de la Universidad de Buenos Aires, dedicada al artista ya fallecido Julio
Missart, en la cual se exhibe una pintura titulada “Sin pan y sin trabajo. Sin
nada”. No sabemos exactamente en qué año fue realizada, aunque suponemos dentro
de los últimos diez años; así como tampoco sabemos sobre la intencionalidad del
autor y que quería decir con ella –como decía Ernst Gombrich quizás ni el
propio artista pudiera decirlo-, aunque podemos suponer que mezcla de homenaje
y retrato de la realidad argentina.
“Sin pan y sin trabajo. Sin nada”. Julio Missart
No pretendemos establecer ninguna comparación entre estos dos artistas y sus obras, a las que separan más de un siglo, sino que lo que nos interesa es analizar cada una en relación con su contexto económico y social y que nos transmiten en nuestro presente; sus puntos de contacto y sus diferencias.
No
es nuestro objetivo tampoco realizar una valoración estética; de la primera, es
como que se ha dicho casi todo lo posible en los más de 100 años transcurridos
y, en cuanto a la segunda, nuestras capacidades solo nos permiten decir que se
trata de una bella representación del expresionismo.
El
objetivo, como se expresó, es ubicarnos como receptores y qué nos dice cada una
en nuestro presente.
Si
observamos la pintura de ‘de la Cárcova’, ¿qué es lo que vemos? Sentados a una
mesa, un hombre y una mujer, con un niño. El hombre mira hacia la ventana,
donde a lo lejos se atisba un edificio con chimeneas, una fábrica; su mirada y
su actitud con un puño cerrado, está cargada de una mezcla de odio y
desesperación. Es la actitud de quien no tiene trabajo y no puede comprar el
pan para llevar a la mesa de su familia. Frente a él, se encuentra la mujer con
el niño en brazos, con cara angustiada. Sobre la mesa solo hay una herramienta.
Un
hombre que constituye lo que Marx había denominado el “ejército de reserva del
capitalismo”; los desocupados, que pagaban con su hambre y el de su familia, la
necesidad del capital de contar con la existencia de trabajadores sin
ocupación, para utilizarlos como un chantaje hacia los que sí están empleados.
Frente a las crisis recurrentes, se podía aumentar o disminuir esa reserva para
mantener la rentabilidad del capital.
A
lo largo del proceso de crecimiento y desarrollo del capitalismo, los
trabajadores dieron la lucha por mejorar sus condiciones de trabajo, porque se
podía no tener empleo, como en la pintura de 1894, pero la fábrica estaba ahí
y, en una larga duración histórica, el parque industrial crecía; entonces se
estaba sin pan y sin trabajo, pero existía la posibilidad de conseguirlo.
De
hecho, los personajes de la pintura, están bajo un techo y sentados alrededor
de una mesa; en una casa semivacía, pero vivienda al fin.
Vamos
ahora a la pintura de Missart: ¿qué observamos? Hay tres figuras en la escena,
sobre una manta en la calle. El hombre, joven, mira al espectador con
distancia, no pidiendo ni ofreciendo, solo marcando una distancia insalvable. A
su derecha la mujer, embarazada o con un niño durmiendo en su regazo; no se
alcanza a distinguir cual opción sería, pero si es claro que ella también
duerme. A la izquierda del hombre un perro, el eterno compañero, en este caso
en la desgracia de no tener un lugar donde vivir. En esta escena, es donde toma
fuerza el título, que a la repetición del de la obra de 1894, Missart le agrega
“sin nada”.
Porque
este no es el trabajador de “Sin pan y sin trabajo”, que no los tenía, pero era
parte de un ejército de reserva que luchaba para conseguir ese faltante. Y aquí
lo más importante, en ‘de la Cárcova’, el hombre es un trabajador, desocupado,
pero trabajador.
En
la obra de Missart el contexto ha cambiado, ya no hay ejército de reserva: los
seres humanos son un descarte. No hay una casa que cobije, es la calle en la
que ya no queda nada.
Porque
esta pintura, refleja esta nueva etapa del capitalismo, donde al compás de la
digitalización de la economía y las relaciones sociales, así como del
crecimiento de la inteligencia artificial, crece la rentabilidad del capital
como resultado justamente de eliminar el trabajo humano; ya no interesa el
ejército de reserva, porque cada vez se necesitan menos personas y más
máquinas.
Por
eso pensamos el agregado del título; no lo vemos solo como un homenaje, sino
que es una actualización. Mientras la primera pintura nos muestra a un hombre
desesperado pero que puede luchar, porque está sin trabajo, pero tiene la
fuerza para conseguirlo, en el segundo solo vemos a alguien vencido que ya no
puede esperar nada, más que una manta en la calle junto a su mujer y su amigo
perruno. Ni siquiera su cara trasluce la desesperación y la bronca, porque ya
no queda nada.
Como
expusimos, no sabemos que pensaba Missart en el momento de la concepción de su
pintura, pero como receptores de su obra, la sentimos como una representación
de este capitalismo salvaje y tecnocrático que nos conduce, como dijo el
artista, a la vida “sin nada”.
[1] No se reproduce aquí la obra, en
razón de que puede admirarse en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos
Aires; así como existen numerosas reproducciones digitales de la misma,
disponibles libremente en la red internet.

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